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Jorge Thielen se adentra en el Amazonas y pone a prueba su fortaleza

Ya en la mediana edad, Roque está envuelto en un tornado de autodestrucción; Sale de un barranco, desorientado, y el carro está volcado; Camina en medio de una protesta hasta llegar a casa de sus padres. “¿Dónde está el carro?”; le preguntan. “Me robaron”, miente. Pero sus progenitores no soportan más sus vaivenes y su adicción al alcohol, lo que los lleva a tomar una decisión radical: debe irse de la casa al final del día.

Así que toma una mochila con pocas pertenencias y se adentra en el Amazonas, en búsqueda de un campamento turístico en el que estuvo hace algún tiempo.

Decide recuperarlo del abandono mientras consigue dinero trabajando en una mina ilegal en el Amazonas y, en el camino; superar su problema con la bebida. Difícil: llega a un lugar donde a cada rato le preguntan “¿no quieres un roncito?”.

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Esa es la historia de La fortaleza, el segundo largometraje del venezolano Jorge Thielen Armand; que toma nuevamente una historia íntima y personal. En La soledad, su ópera prima que estrenó en 2016 en la sección Biennale College del Festival de Cine de Venecia; tomó a un amigo de la infancia y la casa de sus bisabuelos en disputa, para hablar, de forma metafórica, sobre la riqueza, a partir de la búsqueda de un presunto tesoro en el recinto; Pero en esta ocasión toma partes del pasado y del presente de su papá, Jorge Roque Thielen (que se interpreta a sí mismo) para continuar haciendo un registro familiar e, ineludiblemente, del país.

Ya en la posproducción de La soledad algunos bosquejos del proyecto estaban en la mente de Thielen y del coescritor; productor y director de fotografía Rodrigo Michelangeli, con quien fundó la productora La faena Films en 2015. “Ya habíamos aprendido mucho en La soledad y la verdad fue un proceso más fluido”, dice el director, desde Roma, sobre el desarrollo del guion, que supuso un reto por los matices personales de su papá y el entorno de la selva.

El rodaje en el Amazonas se llevó realizó entre Caracas y el estado Bolívar, en los alrededores del Parque Nacional Canaima. Pero no era el lugar planificado inicialmente. Así como volvió a la casa de sus bisabuelos en La soledad, Thielen quería volver al campamento turístico original que tenía su padre, en una zona llamada Arekuna. Toda la película estaba pensada en ese lugar. El primer obstáculo fue encontrar el sitio completamente en ruinas y no había instalaciones para que el equipo se quedara. El otro lo puso la comunidad pemón de la localidad. Desconfiada, no dio el permiso para rodar. Así que semanas antes de comenzar la producción, todo cambió.

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